FEMINISMOS CÓMPLICES, MÁS GESTOS PARA UNA CONSTRUCCION RADICALMENTE ANTIAMNÉSICA Edda Gaviola, Dieciséis años después…
1.- ¿De quién es la autonomía? Una de las características del patriarcado de nuestros tiempos es la facilidad con que se vacía de contenido las palabras, las ideas, los nombrares y las construcciones con las que instalamos nuestros sueños y nuestros haceres para que estos se transformen rápidamente en mercancía barata y adquirible en las ferias de la vacuidad. Para el sistema patriarcal este perverso juego es cosa de sobrevivencia. Para las mujeres ha sido uno de los elementos vertebrales para no tener historia y lo que es peor para no hacer su historia, para seguir en el mundo sin desplegar toda la capacidad de lo humano, sin ser para sí misma. Si en general una de las tareas de nuestros tiempos es inventar y reinventar nuevas palabras que renombren los sueños y los haceres que se niegan a ser rematados en el mercado de la distorsión y el facilismo ornamental, para las mujeres, en especial para las feministas con intensa vocación de cambio, la tarea se duplica: nombrarnos con las palabras prestadas que tenemos a mano y renombrarnos con nuevas palabras creadas desde un otro ejercicio pensante y desde una otra experiencia pensada de nuestros cuerpos. Pensamientos y experiencias otras, que tengan la capacidad de sacarnos/salirnos del femenino patriarcal y de las designaciones hechas por la masculinidad. A principios de la década de los 90 del siglo pasado, 1993, una colectiva de feministas sin fronteras (chilenas y mexicanas) que se llamaban Cómplices le pusieron un nombre a su búsqueda. Se autonombraron “autónomas”. Autónoma significa darse a una misma, por sí misma, una ley, un ordenamiento (del latín auto: uno mismo/sí mismo y nomos: ley/ordenamiento). Para Cómplices, este gesto de auto ordenamiento se hizo en función de que no nos siguieran marcando el camino desde espacios filosóficos y políticos que no nos convocan porque traicionan nuestras necesidades de construcción y de cambio. Nace como demarcación, como un NO ético a la expropiación del feminismo, pero fundamentalmente como una propuesta filosófica que apela a hacer del feminismo andado una acumulación de sabiduría que tenga real capacidad de incentivar cambios. En otras palabras no nos unimos en oposición a. Nos leímos en un desafío y desde él marcamos nuestro auto-nomos, nos desmarcamos de quienes lo impedían. Y esto es fundamental porque la libertad y la autodefinición que puede contener la palabra “autonomía” no es un abstracto sin forma y sin ideología, está tan definida por los intereses, las necesidades y la ideología de cada quién, que autónomos se definen, y por “autonomía” pelean, los fascistas latifundistas bolivianos que buscan defender a cualquier costo sus millonarios privilegios económicos y políticos y también autónomos se llaman y por autonomía pelean los pueblos indígenas que buscan no morirse en la miseria y tener mayor nivel de decisión en las cosas que los afectan. Ambos se designan “autónomos” y ambos luchan por autonomías cuyos contenidos son antagónicos e irreconciliables. En el sistema patriarcal y desde su lógica se combate más por la propiedad de las palabras que por sus contenidos. Nosotras hacemos un esfuerzo cotidiano por situarnos fuera de esa lógica. Por ello, poco nos importa quién se llame autónoma/o. La palabra en sí puede designar a una búsqueda igual que a su contraria. Para nosotras lo importante es con qué contenido nos (re)instalamos en el mundo, con que ideas se construye lo no construido, cómo y con quién se lo hace. Si bien nombrarse es un acto de la voluntad de existir en lo humano, sabemos que mientras no tengamos y construyamos un mundo completo donde nos nombremos desde nosotras, mientras no tengamos la capacidad completa de lo humano para hacer mundo y traer el mundo al mundo, las mujeres estamos condenadas a pedir prestadas palabras para poder caminar en el proceso de autoasignarnos. Hay autonomías frente a mil cosas y con muy diversos contenidos y voluntades de cambio. La “corriente autónoma” fue una autodefinición, con pensamiento y acciones muy concretas, frente a cosas muy concretas y con ideas fuerza muy concretas. No nos interesa el nombre, nos interesa que la capacidad de avasallamiento y apropiación del sistema no deshaga, una vez más, nuestros avances porque si lo hace, deshace nuestra historia y nuestras construcciones reinstalándonos en la lógica de la cocina. En estos 16 años lo que fue nuestro concepto de autonomía fue vaciado de su contenido y regalado a quién le adorne. Si hace 16 años dejó de convocarnos el feminismo tecnócrata e institucionalizado y marcamos una denominación, un cuarto propio, hace ya varios años que dejó de convocarnos esta autonomía cooptada e intervenida por el patriarcado a través de una feminidad patriarcal que se niega ser revisada. 2.- ¿De qué construcciones concretas estamos hablando? O la historia tiene historia Cuando ejercitamos el derecho a autonombrarnos y escogimos un apellido para nuestro feminismo: la autonomía, lo hicimos desde la voluntad de existir y desde otras prácticas políticas. Queríamos recuperar la fuerza y la capacidad de asombro, el derecho a no estar de acuerdo y, por qué no decirlo, recuperar también la insolencia, fuerza de rebeldía, frente a tanta “invitación a la mesura y a las buenas maneras” que iba cercenando toda la libertad, radicalidad y expresión política del movimiento feminista latinoamericano y caribeño. La década del 90 tiene la impronta de la derrota para las mujeres: el empoderamiento, las cumbres, el Banco Mundial, la globalización y el mandato supremo de la cooperación internacional para apoyar las representaciones que, vestidas de buenas maneras y desde la mesura, pudieran sentarse a negociar (como si fuera negocio) la experiencia histórica concreta de las mujeres. La década del 90 estuvo marcada, entonces, por una apuesta central, impulsada desde espacios de poder y, agazapada tras un aparente ejercicio de diversidad, pluralidad y democracia, de desmontar los sueños, los mecanismos autónomos de articulación y de hegemonizar todos los espacios, toda la creación/producción y toda la capacidad subversiva del feminismo como apuesta político/filosófica para avanzar en transformaciones radicales que afectaran la macrocultura y para comenzar a inventar nuevos caminos para el ser mujer en el mundo. En este contexto surgimos las Cómplices, como propuesta política y filosófica, en Chile y México en el transcurso de 1993, en la confluencia de procesos distintos, pero con la idea central de reconocer que existen distintos feminismos, explicitar las diferencias, autonombrarnos y apostar a la construcción de un espacio feminista desde la autonomía y la radicalidad. “Tenemos diferentes feminismos. Esta afirmación hoy tan compartida por todas nosotras y que da cuenta de una realidad, contiene un desafío y una responsabilidad: explicitar cuáles son estas diferencias. Para nosotras, ‘Cómplices’, es ineludible estar expresadas para poder seguir sintiéndonos cómodas dentro del movimiento feminista y para hacer política hacia el conjunto de la sociedad. Esto contiene, a nuestro entender, la necesidad de construir corrientes claras que agrupen a quienes se identifican y comparten ‘mínimos comunes’, con nombres y apellidos; corrientes claras de donde impulsemos nuestras ideas y nuestras estrategias (…) Para nosotras esto significa sentirnos con la capacidad y la legitimidad de ser constructoras de símbolos, valores, lenguaje, paradigmas y utopías 2”. Recorrer los textos pasados, los recuerdos, la historia como ejercicio cotidiano y de memoria activa, estuvo presente en ese ensayo de otra posibilidad en el hacer desde el ejercicio de la libertad... “Libertad para no estar de acuerdo, para desencontrarnos y para volver a armar los fragmentos de nuestro ser colectivo...libertad para escudriñar sin miedo nuestras historias y hacernos cargo de todos sus desafíos” 3. Las Cómplices fuimos una alternativa importante para el autonombrarnos, con nombres y apellidos y de apellidar a un feminismo que se iba diluyendo cada vez más. Un ejercicio interesante de instalación de un discurso distinto, desde la diferencia política. En fin, fue un develar algo que estaba oculto en el feminismo: las diferencias, las distintas apuestas y la responsabilidad política individual de cada una de nuestras acciones. Y esto es fundamental, porque el anonimato des-responsabiliza el actuar y el pensar y, es un mecanismo fundamental para que el poder se ejerza sin contrapeso y así desdibujar la crítica, desarticular al movimiento y volver “lights” nuestras acciones. Asumir el reto de explicitar, de expresarse, es poner ideas y acciones en el debate (algo intrínsecamente humano) y exponerse en el mundo, mucho más nítida la exposición a la descalificación y a la sanción al romper el círculo infame de las idénticas. Estar construyendo siempre desde el anonimato, desde un lugar donde todo es válido... un lugar donde siempre la historia tiene dos versiones, donde no nos posicionamos nunca, porque nadie nos lo exige, donde no podemos establecer responsabilidades, donde da lo mismo la que llegó con su buena voluntad a estar, a la que se expuso poniendo sus ideas a rodar por el mundo. Donde podemos travestir nuestras ideas y acciones sin pausa, sin autocrítica, sin mediar palabra, sin gesto ni discurso, una historia donde da lo mismo estar en el Banco Mundial y al poco, en el Foro Social Mundial; o estar en una ONG de mujeres a estar en un colectivo autogestionado; o estar en una supuesta posición de autonomía para luego descalificar, o descalificar para luego pasarse sin transición al bando descalificado; despojar de la historia y vaciar de contenido a las otras que se han expresado. Como lo hicieron las mujeres que se fueron al taller Ni las Unas ni las Otras (Ninis) en Chile el 96 y en Bolivia, el 98. En efecto, hace 16 años, pusimos a dar vueltas en el feminismo latinoamericano Feminismos Cómplices, gestos para una cultura tendenciosamente diferente, donde uno de los puntos cruciales era la propuesta de realizar un debate urgente sobre la autonomía que se perdía, pero no era sólo eso, era una propuesta filosófica y política que estaba en juego y que tenía un correlato en la construcción de movimiento. Lo hicimos de una determinada manera (dictada por la práctica) porque, justamente, en los anonimatos se perdían las responsabilidades políticas del actuar y del pensar y se desdibujaba el movimiento. Las principales ideas fuerza instaladas por las cómplices fueron: Un Discurso Feminista Radical, porque consideramos que el sistema no es perfectible, se trataba entonces, de una invitación a deconstruir el sistema patriarcal y las instituciones que lo sostienen, afectando el orden simbólico y valórico del patriarcado, desde el ejercicio de la autonomía en lo íntimo, privado y público 4 y desde un espacio situado en el afuera o en “la otra esquina”. Se trataba y se trata, de inventar otra política capaz de apelar a la totalidad de la transformación cultural (la macrocultura patriarcal). Sabíamos que quedarnos en los cortes/conflictos del patriarcado, estructurando demandas sectorialmente era perder la capacidad de propuesta global de cambio feminista. Nos reconocíamos, en ese entonces y hoy, desde una rebeldía filosófica/política que nos daba sentido de unidad no sólo en nuestra condición de mujeres, sino como productoras de pensamiento. Por eso nos negábamos y nos seguimos negando, a que se nos convoque desde nuestras distintas identidades o cortes/conflictos patriarcales (étnicas, edad, situación económica, opción sexual) pues cada uno de ellos, si bien nos ha permitido tener una visión global del sistema que pretendemos cambiar, nos deja atrapadas y sectorializadas, presas fáciles de la victimización, de la carencia y de la negociación. En este sentido, la “política de lo posible” acuñada desde la esfera institucional del feminismo, restringía y sigue restringiendo la capacidad propositiva, la formulación utópica de las mujeres desde la radicalidad, parcializando en demandas y dejando intocadas e inamovibles las bases simbólico valóricas de la opresión de las mujeres, reinstalando nuevas formas de marginación del colectivo mujeres, convocando no por las propuestas políticas e ideas de mundo y separando de manera jerárquica a las representantes (con el conocimiento experto) de las representadas (las víctimas “beneficiarias” de esas políticas). En síntesis, adscribiendo al orden simbólico valórico de la masculinidad sin posibilidades de ejercitar nuevas formas de cultura y sociabilidad desde la experiencia de ser mujeres, colocando y negociando desde el “plano inclinado” con el Estado y el colectivo de varones, las migajas que nunca están dispuestos a ceder, a menos que eso favorezca sus propios intereses. Frente a esa realidad dura, propusimos la necesidad de conformar corrientes ideológicas y de pensamiento en el movimiento feminista que explicitaran por escrito las diferencias existentes, expresión fundamental de la libertad y el ejercicio cotidiano de la autonomía desde un sentido histórico trascendente y de responsabilidad individual en el actuar y en el pensar. De ahí, aún pensábamos que era posible establecer “mínimos comunes”, que no pudieran ser leídos como declaración de principios relativizados en su concreción y por tanto que no pudieran ser negociables. Para lograr esto se requería un balance crítico y discutir a profundidad las ideas y el cambio cultural al cual aspiramos. En ese contexto, para las feministas Cómplices, provocar el cambio civilizatorio y estructural estaba y sigue estando en la necesidad de establecer una relación directa entre política y ética, en un marco filosófico concreto, en que las mujeres nos reconozcamos en relación a nuestras capacidades pensantes y creativas en un sentido de complicidad profunda. Claramente decíamos que para las Cómplices era imposible hacer política con mujeres racistas, clasistas, misóginas, lesbo-homófobas o que no defiendan el derecho a decidir sobre nuestros propios cuerpos, incluido el aborto. No se podía ni se puede, hacer política con quienes transan y negocian con el sistema patriarcal masculinista y neoliberal y además se arrogan la representación de todas para ello. Desde estos mínimos comunes era necesario establecer la autonomía en relación al Estado, los partidos políticos y los diversos movimientos sociales; denunciar el sistema de redes especializadas impulsadas desde los polos de poder del financiamiento internacional y, particularmente en ese momento histórico, del FMI y el BM. En un conjunto de ideas, acciones y pensamiento estaba radicada la apuesta cómplice en la construcción de una corriente de pensamiento y acción autónoma, en la cual se definieran claramente los límites entre los diferentes colectivos, y en función de elaborar pensamiento propio, reflexionar entre todas, discutir y debatir con fuerza las ideas e instalarlo en el mundo de las mujeres y de cara a la sociedad en su conjunto, una suerte de “EXISTIR/PENSANTE Y ACTIVAMENTE. Queremos que el resto de la sociedad y las feministas tengan una lectura clara, sin confusiones, de las diferentes propuestas civilizatorias/culturales del feminismo”. El VII Encuentro Feminista de América Latina y el Caribe (EFALC) (Cartagena, Chile, 1996) fue el parteaguas en esa construcción y por eso fue tan virulentamente atacado por las transnacionales del feminismo, la tecnocracia de género y quienes se definieron “Ninis” en ese momento histórico y que, finalmente, tomaban posición a favor de la corriente institucional, en el sentido de que su propio accionar confluía más con esa tendencia que con quienes nos constituíamos como parte del movimiento autónomo, como corriente política y de pensamiento, como lo establecimos en la primera declaración: “Las feministas Autónomas entendemos al movimiento feminista como el espacio que ejercita en todo acto la unión entre lo íntimo, lo privado y lo público (…) es su articulación lo que nos permite crear desarrollo filosófico con capacidad de propuesta de otra cultura (…) Nuestro feminismo no es sumarse o integrarse a las relaciones sociales de desigualdad y de poder que otros han definido. Nuestra política no es hacer una lista de demandas sino el proceso crítico de repensar el mundo, la realidad y la cultura (…) es preciso reconocernos, entre nosotras, los aportes de pensamiento y experiencias, y hacer circular el pensamiento que se ha hecho fuera de los espacios oficiales, fuera de la institucionalización y desde las prácticas y espacios feministas autónomos (…)”5 . Entre “indigestar al patriarcado” 6 y “crear desarrollo filosófico con capacidad de propuesta de otra cultura”, se establece el límite y la diferencia del tipo de cambios a los cuales aspiramos. Límites y diferencias que no pudimos, supimos o no quisimos leer en el momento de la gestación del “movimiento autónomo”, pues, parecía nacer como una esperanza, posibilidad de avance y base para un salto cualitativo del pensar y hacer feminista. Estas diferencias se transformaron en elementos destructivos para esa construcción y fueron la inspiración para un nuevo parteaguas, esta vez, entre la autonomía y la autonomía Nini que posibilitó en Sorata (1998) que importantes sectores volvieran a hacer de nuestras propuestas algo ahistórico, relativizable y negociable. 3.- ¿Cómo se deshace nuestra historia? o el tiempo pasa y seguimos en las mismas… Si la corriente autónoma nace en el acto fundacional de nombrarnos en nuestras diferencias como acto ético, conceptual y político, esta idea fuerza es diluida casi al mismo tiempo que nace. Apenas instalada, muchas mujeres, sin transición, regresan a las mismas ideas y prácticas sustentadas por la tecnocracia de género y por las Ninis -practicadas además como exigencia e imposición- donde la explicitación, la búsqueda de pronunciamiento y el llamado al debate abierto, son leídos como actos de violencia supuestamente impropia de congéneres mujeres 7 , aunque para imponer esta exigencia se use la mayor violencia y deslegitimación contra quién se pronuncia. Se vuelve a instalar la necesidad de la “mesura y buenas maneras”. Fue el actuar y verbalizar por parte de la tecnocracia de género contra las autónomas durante y después del encuentro de Chile (en la medida que la explicitación de estas les quitaban el poder absoluto que venía ejerciendo sobre el conjunto del movimiento feminista) y, fue también la justificación discursiva en Cartagena del sector Nini (Ni las unas ni las otras) para mantenerse al margen del debate durante ese encuentro, coincidiendo así plenamente con la valoración que el sector de la tecnocracia institucional hiciera de nuestros planteamientos y por lo tanto, al igual que ellas, deslegitimando el derecho y la práctica de plantearse con la claridad necesaria. Así se van desarticulando y construyendo, los mismos elementos que desdibujaron la radicalidad feminista y que nos hicieron demarcar un territorio diferente ante la tecnocracia institucional. 8 Se plantea y repite a lo largo de estos años con momentos muy claros y significativos que se hacen evidentes al revisar la historia. Un momento clave fue, apenas terminado el encuentro de Cartagena, cuando se plantea la necesidad de cerrar la lista de correo electrónico para poder profundizar, aclarar/programar los debates pendientes y definir una estrategia para nuestro crecimiento. Surgen entonces las voces que niegan rotundamente los espacios propios y se niegan al cierre con el argumento de que ello nace de “una obsesión de liderato”, “contrario a la construcción de movimiento”. El argumento más usado fue que “autónoma es la que se defina como tal y nadie tiene el derecho a negárselo”. Vuelve a repetirse de manera aún más virulenta, con acusaciones, agresiones y calificaciones de todo tipo, personalizadas hacia una importante exponente de la autonomía radical e integrante de Cómplices, Ximena Bedregal, y en las mismas fechas, cuando desde el Cicam (Centro de Investigación y Capacitación de la Mujer, México) se hace un llamado muy explícito a grupos que empiezan a nombrarse parte de la corriente autónoma, para reflexionar una serie de prácticas que venían desarrollando y que rompían claramente lo planteado en Chile por esta corriente. Evidentemente, no se compartía la necesidad del cuarto propio para afianzar ideas, propuestas y diseñar un proceso de complicidad entre quienes firmamos la declaración del feminismo autónomo. Volvíamos así, solo un año después de Chile, a “todo es válido”, el espacio somos “todas y nadie”, la relativización de gesto y discurso, esta vez por medios cibernéticos que posibilitan el anonimato y la desresponsabilización. Incluso quienes atacaron virulentamente a la corriente autónoma planteándose públicamente fuera de ella y la calificaron como producto de “peleas personalistas” negando así toda su elaboración y propuestas, hoy no sólo caben en este jarrito sino que hasta se levantan como sus líderes sin que medie ninguna reflexión que reconstruya la confianza que se requiere para el actuar colectivo 9 . Sectores de la misma autonomía lo supieron acomodar para así acomodarse ellas. Igual que el discurso institucional “oponen a la explicitación de corrientes ideológicas el concepto de la diversidad incluyente, que proyecta un mundo informe de diferencias que no es tal, pero que le es conveniente a quien detenta el poder” 10 o, ahora, a quién quiere detentarlo acusando a las otras de sus propios deseos inefables y encubiertos. Esta interpretación fue incluso asumida luego por alguna de las propias fundadoras de esta idea fuerza, como es el caso de Francesca Gargallo que lo toma y lo plantea en su libro Ideas feministas Latinoamericanas donde califica las contradicciones profundas entre institucionales y autónomas de “falsa dicotomía” 11 . Libro que hace presentar por connotadas mujeres de la institucionalidad, en espacios de la institucionalidad y evadiendo todo debate al respecto con sus ex compañeras Cómplices. Un mecanismo utilizado en el vaciado de contenido y en el desdibujar la propuesta feminista radical ha sido la práctica a través de la cual toda mujer que se nombra autónoma, por el sólo hecho de nombrarse, ya es parte de esta específica corriente. La idea de que soy lo que me nombro es hoy una de las prácticas más duras de la institucionalidad del género que se expresa en la aceptación como feministas hasta a las mas claras neoliberales, sólo por que al necesitar acarrearse votos y/o reconocimiento se suman a ciertas demandas y necesidades de las mujeres, a lo que Cómplices llamamos el antifeminismo con perspectiva de género. La máxima expresión de este “soy lo que me nombro” se dio en el EFALC de Brasil (Sao Paulo 2005) donde se impuso la aceptación de travestis y transgéneros en estos eventos con el argumento de que “si ellos se dicen y se sienten mujeres ya pertenecen al colectivo mujeres y nadie tiene el derecho a cuestionarlos”12. En la misma línea argumentativa ¿Si ella se dice y se siente de la corriente autónoma ya pertenece a ella y nadie tiene el derecho de cuestionarle nada? Desde la más patriarcal feminidad, no se pide nada, no se busca explicitar nada, no se aclara con qué idea de autonomía se llega, menos aún se atreven a preguntarle sus ideas de mundo. ¿Retorno a, o ruptura nunca lograda con el mundo de las idénticas? Es evidente que hay muchas a las que se les olvidó la historia, o nunca la conocieron, y por tanto aprendieron poco, deshaciendo toda posible acumulación de experiencias y saberes. Una vez más se regalan y lo que es peor nos regalan a todas, enteritas, junto a nuestros productos y nuestros haceres sólo a cambio de que se les adhieran (¿las quieran?), de ser amiguitas y aparentar ser muchas y así, borrando nuestra historia y nuestros propios análisis vuelven a hacer retroceder nuestros avances al funcionamiento de la ameba que hace una década y media habíamos reconocido como un elemento pernicioso. Si otra de las ideas fuerza que instalaran Cómplices y con la que se intentó construir la autonomía fue la de la adscripción, legitimización y reconocimiento conciente de nuestras historias, esta idea fuerza se queda en el camino de esas nuevas seudo mayorías y se vacía y pierde. No sólo se invisibiliza y se niega la historia, aunque cuando les conviene usan partes de esta, de manera descontextualizada, parcializada, haciéndola una suerte de objeto de inocuo consumo sin referencia y obviamente borrando de ella toda autoría 13, sino que además, todo intento de ubicar históricamente las creaciones se interpreta de inmediato como jerarquía, como apropiación, como privatización, como intento de “jerarquización disciplinaria de discípulas” 14. Esta amnesia tiene dos vertientes que la alimentan. La primera es sin duda esta feminidad patriarcal que se sigue moviendo en la negación de su capacidad de lo humano, como lo llama Margarita Pisano, pero la otra es aquella vertiente que viene de y se vuelve a unir con la tecnocracia del género. Esto es el negar, invisibilizar, descalificar y anular lo que confronta e incomoda 15. Por suerte “frente a esta realidad, la decisión de Cómplices de dejar testimonio escrito de los gestos disidentes 16 ha permitido asumir una historia que nos conmina a pelear con nuestra amnesia.Libros, revistas, entrevistas y cartas relatan la otra historia, la invisibilizada, la poco conocida, la descalificada, la impugnada, a la que no se accede fácilmente porque no está en las bibliotecas ni en las universidades ni en los museos…”17 Sorata: el triunfo de la ameba En una nueva (mejor dicho vieja y repetida) vuelta de magia patriarcal, ahora sectores de la autonomía, de esta neo autonomía Nini, vaciando de contenido nuestra historia, y una vez más sin asumirlo, vuelven, a identificarse con la tecnocracia institucional. Podemos decir que nunca se desprendieron de ella, su incomodidad para pararse frente a la hegemonía institucional residía en lugares muy ajenos a los nuestros y, reconocemos, que fuimos nosotras, Cómplices, quienes nos equivocamos al no saber ni poder leer lo que en realidad desde muy temprano se mostraba agazapado detrás del aparente rostro colectivo de la corriente autónoma. En Sorata, la confusión inicial al designar el Encuentro Feminista Autónomo como 13°, “porque el uno no siempre es el primero”, en lugar de 1°, fue el preludio del todo-vale de la ameba. La decoración del lugar remitía a la lucha de las mujeres originarias, pero en ningún lugar se hacía mención al feminismo. El acto de apertura arranca con la entrega de las memorias del 7° EFLAC, al mismo tiempo que la caja con las memorias del proceso autónomo, es decir, el libro editado en el Cicam bajo el título de “Permanencia Voluntaria en la utopía” que fue el trabajo de la transcripción de las discusiones del taller Autónomo de Chile, las ponencias, la declaración y la documentación del post encuentro “las olvidaron en La Paz”. Si el ejercicio de la libertad conlleva la responsabilidad de conectarnos con nuestra creatividad y nuestra capacidad para pensar, para delimitar nuestro ejercicio político a partir de nuestras propias reglas y no desde la coadicta identidad contestataria, tan recurrente y aburrida de las izquierdas, en Sorata quedó claro que el único acuerdo mínimo, planteado en Chile y que era no ser institucionales, fue pasado a llevar inescrupulosamente. Si, supuestamente habíamos partido de un acuerdo explícito, contra la institucionalidad en tanto cooptación de ideas y vaciado de contenido, Sorata se nos devolvía como todo lo contrario. CITAS 1.-Pisano, Margarita y Franulic, Andrea., Una historia fuera de la historia. Biografía política de Margarita Pisano., Ed. Revolucionarias, Chile, Enero de 2009, 487pp. 2.- En la Introducción a un debate urgente, Margarita Pisano en colaboración con Sandra Lidid (Movimiento feminista autónomo, ediciones Número Crítico, página 23-24).
3.-Edda Gaviola “Otra cosa es con historia o ¿con qué historia es otra cosa?”, en Feminismos Cómplices, Gestos para una cultura tendenciosamente diferente, Ed. La Correa Feminista, México, D.F., 1993. 4.- “Es el espacio de lo íntimo, de la relación con una misma como territorio político, un pendiente para nosotras en esta cultura. Es el espacio habitado por los fantasmas patriarcales, desmontarlos es confrontarnos con el vacío y al mismo tiempo, iniciar la aventura de pensarnos a nosotras mismas, de comenzar a “pertenecernos”, sanarnos de la misoginia internalizada en cada una de nosotras, construir nuestro “amor propio”. Sin esto no es posible proyectar otra cultura”. Margarita Pisano y Andrea Franulic. Una Historia Fuera de la Historia 5.- Declaración del Feminismo Autónomo. Cartagena, Chile, 26 de noviembre de 1996. 6.- Ochy Curiel y Yuderkys Espinoza “Consideraciones y reflexiones acerca del VII Encuentro, en Permanencia Voluntaria en la Utopía, Ed. La Correa Feminista, México, D.F., 1997. 7.- Supuesta ruptura de alguna moral que obligaría a una "dulce y femenina suavidad en la controversia”. Romántica y patriarcal idea de feminidad que sigue reforzado aquella idea de que las niñas son suaves, las hermanitas no pelean, dicotomizando, una vez más, en las mujeres la forma del contenido; repitiendo entre las mujeres aquella práctica de la violencia masculina que siempre le echa la culpa a la otra y finalmente, usándola no sólo como excusa para no tener que pronunciarse ni debatir los planteamientos de fondo sino también para aplastar y deslegitimar a la que se arriesga a expresar sus ideas. Todo lo cual nos mantiene en la carencia de ideas y en la construcción de mundo sólo desde el corazón. 8.- Una parte importante de esta historia, principalmente la parte chilena aunque también se tocan aspectos vertebrales de la continental, está descrita y analizada en el libro de Franulic y Pisano Una historia fuera de la historia, Ibídem. 9.- El ejemplo más claro es la incorporación, sin que mediara diálogo ni reflexión alguna, de Norma Mogrovejo que lideró a las Ninis. Para Cómplices, la confianza no es un ente que se toma o se deja desde la voluntad del corazón, es una construcción que se desarrolla en la honestidad de la explicitación, en el ejercicio de poner en juego el cuerpo completo frente o junto a otras, en el reconocimiento de las mujeres que se arriesgan y construyen a contramano de las legitimaciones fáciles e instaladas por el sistema y se deshace en el silencio, en los juegos de pasillos, en la negación de lo hecho y tras bambalinas. 10.- Franulic y Pisano, Una historia fuera de la historia, biografía política de Margarita Pisano, Ibídem., p. 354 11.- Andrea Franulic hace una rigurosa crítica a los conceptos de Gargallo: “El debate de la autonomía es la resistencia a ser incluidas en políticas y discursos que borran la historia de rebeldía del feminismo… ¿Qué criterios usamos para evaluar nuestras prácticas feministas?... (Las institucionales) vendieron nuestras conquistas subversivas cuando hablaron a nombre de todas nosotras para acceder al mundo del poder y el dinero patriarcal… La división en dos corrientes feministas no es falsa, es un dato de la realidad… Equiparar la corriente autónoma a la institucional borra el abuso de poder de parte de la corriente institucional sobre la autónoma… La corriente autónoma es la voz disidente a la que se pretende acallar. Una historia fuera de la historia, biografía política de Margarita Pisano, p. 352 a 354, primera edición, Chile, enero 2009. 12.- Varias mujeres de esta neoautonomía Nini, presentes en Brasil, se opusieron a esta inclusión de travestis, sin embargo practican e instalan la misma lógica del “soy lo que enuncio” dentro de su corriente. En ese sentido hay una gran incongruencia, o frente a los travestis y transgéneros o frente a la autonomía. 13.- El caso más patético se da con ideas y conceptos que surgen de las reflexiones y construcciones de Margarita Pisano. Muchas de ellas, por ejemplo el concepto de política de mujeres como un trabajo de unidad entre lo íntimo, lo privado y lo público se lee en buena parte de cuanto documento se escribe, llegando a transformarla/deformarla en una consigna sin contenido y hasta usándola para atacar a su autora. 14.- En: Carta enviada por Mogrovejo el 4 de febrero de 2009 a la lista electrónica de lesbianas feministas autónomas, archivo de Cómplices. 15.- Lo mismo que hizo la institucionalidad chilena al hacer la historia del feminismo de ese país. Para detalles ver Una historia fuera de la historia.., Ibídem., p 355 y 356 16.- Lo que volvemos a hacer con este escrito. 17.- Una historia fuera de la historia.., Ibídem, p 357. 18.- El ejemplo más claro es el taller de mujeres jóvenes organizado en diciembre de 2008 por la Comisión Organizadora del EFLAC a realizarse en México en marzo de 2009. En éste impusieron la presencia de varones y una metodología inconsulta, lo que incluso ocasionó protestas de asistentes. 19.- El triunfo de la masculinidad, Margarita Pisano, Ibídem |